Este es el tema más recurrente de los que hablamos, pocas veces de forma explícita, las más, de manera implícita y en todo caso subyace en lo que comunicamos.
Para Barry Schwartz “viviríamos mejor si bajáramos las expectativas sobre el resultado de nuestras decisiones”
Efectivamente algunos presentan una mente maximizadora. Este tipo de persona siempre quiere lo mejor, cueste lo que cueste. Son los eternos insatisfechos, ya que nunca se siente satisfechos de sus decisiones. En economía se dice que cada decisión tiene un coste asociado y supone un sacrificio, elegir una opción significa renunciar a otra. En psicología se aplica el mismo principio, que en el caso de los maximizadores les llevar a que tras elegir, aparezca el arrepentimiento y la inevitable pregunta ¿por qué no habré elegido otra opción?. Pareciera que la felicidad les huye, siempre se sienten poco felices tras la elección, en su mente queda dando vueltas la idea de que están cerrando la puerta a otras opciones.
Otras personas, son más felices, no más simples, sencillamente presentan un comportamiento satisfactor, la diferencia radica simplemente en que se conforman con lo que para ellos es suficientemente bueno según sus criterios personales, sin necesidad de andar en busca de lo mejor.
Tras estas conclusiones de la psicología pareciera que el camino a seguir para alcanzar la felicidad es relativamente sencillo, desear menos y conformarse más.
Esta afirmación no es nueva. Remitamos ahora a las enseñanzas de Buda, con la friolera de veinticinco siglos de antigüedad, señala cuatro verdades.
1. La primera Noble Verdad es dukkha, la naturaleza de la vida es sufrimiento.
2. La segunda Noble Verdad es el origen de dukkha, el deseo o "sed de vivir" acompañado de todas las pasiones y apegos.
3. La tercera Noble Verdad es la cesación de dukkha, alcanzar el Nirvana, la Verdad absoluta, la Realidad última.
4. La cuarta Noble Verdad es el Sendero que conduce al cese del sufrimiento y a la experiencia del Nirvana..
Desalentadoras verdades.
Parece que es imposible escapar al sufrimiento que del vivir cada día, salvo que se renuncie a desear; precisamente entiendo que en el deseo de mejora, de superación nace, entre otros factores relevantes, la investigación y con ella el progreso de la humanidad. Incluso considerando el supuesto de la reencarnación de las almas, si así aconteciera, cabría suponer que es para el propio aprendizaje del individuo, en cuyo caso, no tendría sentido la renuncia a la vida a través de la anulación del deseo entendido en el sentido amplio de la palabra, porque entonces dicha alma no alcanzaría la evolución necesaria surgida de las vivencias.
Estudiar la felicidad y el bienestar es materia de investigaciones científicas que tratan de concluir cual es la relación entre el grado de felicidad y la espiritualidad, la salud, el amor, la vida social, las relaciones familiares, entre diversos factores que han sido analizados a lo largo y ancho del planeta.
Si bien Buda señala como cuarta verdad la del sendero, sin ánimo de entrar en controversias, cabe recordar las palabras del poeta Machado con su “caminante no hay camino”, lo cierto es que Buda no señala cual es el camino, sencillamente proporciona apenas unas ligeras indicaciones, entre ellas la rectitud del entendimiento, pensamiento, lenguaje, acción, vida, esfuerzo, atención y concentración. Podríamos sintetizarlo diciendo que es a través del camino del amor, en sentido amplio; viviendo con amor hacia uno mismo y hacia el prójimo con la palabra, la obra, la acción, tanto en el mundo de las ideas como su materialización en el mundo de las realidades vividas, lo cual no está exento de un esfuerzo y concentración significativos para centrarse sólo en lo positivo y obviamente no sucumbir a las tentaciones mundanas de una vida más fácil, como poco, alejada del amor puro por lo que nos rodea y por nosotros mismos.
Para muestra un botón, la persona más feliz del mundo es un hombre. Es un biólogo molecular francés, hijo de un filósofo ateo, que dejó su carrera profesional por abrazar al budismo; sí, es un monje budista, es Matthieu Ricard, y si nos preguntamos cuál es su secreto, la respuesta está en que él sabe producir “emociones positivas” en su cerebro y no vive una vida en la que la felicidad depende de otras personas. © de la autora.
sábado, 23 de enero de 2010
Inexistente camino hacia la felicidad
Etiquetas:
Buda,
comportamiento satisfactor,
Deseo,
emociones,
Felicidad,
mente maximizadora,
Vida
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario